A mi paraguas violeta accidental le sucedió lo inevitable, tiene goteras góticas. Se inunda de lluvia y el agua cae desteñida aunque melódica, me moja la frente, salpica mi iris, maquilla desmesuradamente la sombra del ojo y resbala por mi nariz (“perfecta”, según A.B.). No cumple su función natural, pero tampoco es un elemento de las cinco fases distintas de Qi o Chi, piedra angular de las artes marciales. Es un paraguas violeta.