También Yo

La tercera ley de Newton

Puedo rebatir todas mis teorías. También puedo liquidar cualquier intriga de oficina. La primera vista marca mis relaciones personales. Me gustan las cosas típicas, sobre todo las típicas de California, donde aún no he estado pero me queda tan poco. A veces cuando me preocupa ser simpático resulto inquietante. Si bromeo en inglés soy un cómico de gran éxito incluso entre los que fruncen el ceño. En mi propio idioma depende, genero un ambiente de verbena o de risas congeladas, pero casi nunca conscientemente. Me encanta el Capitán América sin haber leído una sola de sus viñetas, pero me sobra con el fanatismo de Daniel Johnston y con una camiseta de la cara del Capitán desfigurado. La cara de las personas, incluso en foto, me resulta suficiente muchas veces para saber si me caen bien y me revela su timbre de voz, si pudieran formar parte de un casting de Gran Hermano, si aguantan todo el invierno con una camisa de franela y con una camiseta con palmeras desvaídas el consiguiente verano, si corren para subirse al autobús o si saben cuándo un futbolista se encuentra en fuera de juego. Normalmente reacciono en sentido contrario a todo lo bueno que hago (a lo malo me gustaría), Acción-Reacción, la tercera ley de Newton sin saber muy bien si fue quien descubrió La Ley de la Gravedad o si fue quien la inventó, que no es exactamente lo mismo. No me divierte la nostalgia, ni siquiera para un gran paisaje, o sobre todo en ese caso. No me suele gustar interpretar los sueños en el contexto de la vida real porque sería lo mismo que tomar notas subrayadas de cada día en una libreta y con eso hacer una canción, y entonces me entra sueño. Prefiero apuntar el número del autobús que me lleva a una calle acordonada. Si hace frío o demasiado sol llevo una gorra azul con un número primo, el 56, aunque sobre los números primos sólo sé sin saber lo que significa que son divisibles por sí mismos y por 1, y lo único que entiendo de las matemáticas es lo de “multiplícate por cero” de Bart Simpson. También puedo defender todas mis teorías, pero yo siempre juego al ataque. Si de algo me siento en parte identificado indeliberadamente al decidir sin juicio alguno llamarme Remate es en el hábitat, el área, donde hay que meter gol, sea de chilena, rabona o, y en esto soy muy redundante, gol fantasma. Para quien no lo sepa, me río mucho, sobre todo de Janeiro, ese registro.