Popurrí
Tuve un sueño. No me encantan los sueños ni sus interpretaciones, y sueño más despierto que dormido, o me acuerdo mejor. Pero hay veces que uno acaba donde no imaginaba jamás, pero no en el buen sentido artístico y romántico de un fenómeno o un conflicto psicológico no resuelto o un trauma de la infancia o un estado de plenitud máxima subconsciente o un parásito. Sino en el mundo tal y como lo percibimos a contra pie, sin capacidad de abstracción, como cuando bufa una serpiente. Como cuando solo en la carretera, en el desfiladero del lago Donner en California, por donde conducía en el sueño cuando éste aún era onírico y redundante, sintonizas una emisora de radio y hay una tertulia de autoayuda. Como cuando con tan sólo llamar al timbre de una gasolinera de guardia todo es demoníaco, a partir de esa aleatoria sintonía que bufa y que anuncia nuestra insospechada visita y me aturde. Desde los lazos de todos los colores y tamaños y pantones y materiales que envuelven cada uno de los módulos que componen ese espacio, incluida la mirilla de la puerta. Y dentro me espera una fiesta sorpresa agazapada, en mi honor. Yeso, trócolas, resorts, el famoso cinturón vibratorio de musculación, el “spork” -traducido habitualmente al español como “cuchador” o “tenedor-cuchara”, rancheras pegadizas, telegrama y burofax, capó y popurrí (del francés pot-pourri, “olla podrida”), protocolo, amantes, bailes en zigzag y onomatopéyicos, señuelos y patos (cuac en plural –“coin” en francés), párpados y cejas fruncidos, pupilas constreñidas ante la luz brillante, descendencia, condescendencia, filantropía, Watergate, dietas para adelgazar, divisas, safaris, biomúsica, Supertramp, rotondas, paseo marítimo sin mar, zapping, calambures (plátano es/plata no es). Las conversaciones que me rodean me son ajenas pero no puedo desconectar tal y como siempre, ese mecanismo mío que funciona como un resorte automático a veces se obstruye. Ahora es un ejemplo. A lo mejor es una alarma, mi inmunoglobulina estará baja de cayena y permanece somnolienta, entumecida. Así al menos me siento yo por un instante. Por fin me despierta el sonido percusivo, como un flash, de unas gotas de agua. Me asomo súbitamente, aliviado, risueño, para ver si está lloviendo. Es únicamente presunta agua que cae, ridícula, precipitada, de la vecina de arriba, que regará sus plantas, supongo que carnívoras. Inmediatamente puse el 'Fear Yourself' de Daniel Johnston de banda sonora de mi desayuno, por si acaso. Tortilla de jamón, tomates, galletas, café, vitaminas, como un caballo de carreras... por si acaso es el fin del mundo y estoy en mi zulo.
© ENDTOPIC