Chips de memoria
Cuando me recorto la barba es automático, algo de luz entra por la claraboya: “Vaya, te has dejado la barba GIGANTE”. Curioso. Será porque si no se recortan las puntas como si se tratara de tallos no hay fotosíntesis. No es un disparate el hecho de que si dejas crecer todo a su libre albedrío, lo que en un principio tiene sin duda su lado sexy, todo deriva en un sauce llorón, de cuya corteza se producen en serie, en la misma fábrica que los dolores de cabeza para que la empresa demuestre sinergias competitivas, las aspirinas. La conclusión que saco de todo esto es metafórica, MÁS ALLÁ, sin especificar. Bueno, sí, algo está claro: la paradoja es algo primitivo, como los chips de memoria. Y en este hábitat también se expande en mi huída hacia delante un urogallo disecado. No es surrealismo, no traigo a esta especie protegida decorando una barbería de baja fidelidad y filosofía doméstica con una intención irracional. Más bien se trata de romanticismo. Mis abuelos (creo que ya lo he contado de pasada, perdón si me repito) tienen en su casa según abres la puerta un gran urogallo disecado en un vitrina. Ayer por la noche una alarma de algún vecino, si no era el fin del mundo, saltaba interrumpidamente, un alarido irregular pero constante. Y mientras, yo intentaba leer Catedral de Raymond Carver, el primer capítulo, Plumas, donde una pareja va a visitar a unos amigos que tienen como mascota a un pavo real que grita “extraño y quejumbroso: mii oo, mii oo”. Como la puta alarma, sí. El urogallo se posó en mi cabeza, en mi pelo rizado, elíptico –el cabello y el pájaro. Si la naturaleza sigue su curso natural, signifique lo que signifique eso, y después de unos buenos años sobrevivo a mis abuelos, en algún momento me gustaría conservar en mi casa como legado familiar el urogallo disecado en su respectiva vitrina. Tan sólo le añadiría una etiqueta que diga: Urogallo cazado en el año ... y legado en herencia familiar como chip de memoria. (Teniendo en cuenta que hasta hoy siempre he comentado que yo en una hipotética herencia quería latas de berberechos, éste es un cambio trascendental en mi concepción del mundo).