Wilt Chamberlain y el Mar Negro
1986-88, año-arriba-año-abajo. Yo tenía mi cuarto repleto de pósters de baloncesto NBA y alguno de la Liga Española. Bueno, no era ‘mi’ cuarto, sino 'nuestro’ cuarto porque aún lo compartíamos mi hermano y yo. Unos años después hicimos el clásico ajuste familiar y me mudé al de mi hermana y ella -son mellizos, eso siempre lo digo porque es algo muy mágico, y no se parecen en nada- se fue a lo que era el cuarto de la TV, donde había una mesa de cristal que una vez se desplomó caprichosa sobre mi pierna y todavía conservo la cicatriz. No sé cómo mi hermano no me mandó antes a Cardiff a seguir estudiando música o a ordeñar vacas, puesto que, joder, creo que no le dejé espacio alguno en la pared para sus cosas, por entonces 'Archipiélago Gulag' de Solzhenitsyn o así (es verdad que sus fetiches eran menos fotogénicos). El techo abovedado era un tótem al barroquismo nada enciclopedista, en cierto modo como la carpeta de una adolescente cardada (por entonces también objeto de mis debilidades), salvo que en vez de los protagonistas de 'Sensación de Vivir 90210' las caras eran las de Hakeem Olajuwon, James Worthy, Larry Bird, Michael Jordan, ‘Magic’ Johnson, Tom Chambers, Chris Mullin (que siempre tiraba a tablero)... y leyendas como Wilt Chamberlain. No pasó demasiado tiempo y clásicos de la música y la ontología como Velvet Underground (tenía un póster XXL, genial, ¿dónde estará?) me cambiaron la vida y el baloncesto fue ocupando más espacio en mi pasado que en el gerundio. Una vez sé (mi psicoanálisis no va mucho más allá) que soy anti-nostálgico por naturaleza (racionalmente no tengo nada en contra de ningún tiempo verbal; aunque tengo querencia por el futurismo) ese deporte tenía todo el aspecto de quedar soterrado paulatinamente en mi historia hasta volver a salir a flote súbitamente como un absurdo mensaje metido en una botella absurda y lanzado al Mar Negro con toda lógica. Estos días veo el Mundial de Baloncesto que se celebra en Turquía, donde el Mar Negro, y justo España está jugando de pena, pero me da por ahí.
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