24.2.11


Sigmund Freud no es Elvis, y prefiero a Robert Pollard
Un i-iwi, el p谩jaro rojo de plumas negras que agoniza en Hawai, cruza la carretera mientras yo conduzco, pero lo veo a lo lejos y me da tiempo, casi una pausa de mando a distancia, a esperarle, observarle y dar una calada al cigarro con otro 谩nimo. En el asiento del copiloto, aunque no recuerdo haber recogido a nadie en el camino (jam谩s lo har铆a salvo en el caso de Slim Bryant, m谩s que nada porque si me paro estoy perdido), una iguana se funde con el cuero, se convierte en una sombra de mala conciencia, una nube negra dom茅stica. Cada latido del coraz贸n lleva consigo una secuencia de eventos. Pienso en una caja de herramientas, con sus llaves inglesas y cinta adhesiva, y me entra el p谩nico. En la radio suena Ghosts of a different dream de Guided By Voices, y asiento con la cabeza al comp谩s de la canci贸n, una de mis favoritas. Todos me adelantan o me dejo adelantar, porque la mayor铆a no podr铆a competir conmigo aunque no soy competitivo desde los 14 贸 15 a帽os. Moteros de ruedas obesas y cabezas min煤sculas como los trofeos de los J铆baros. Todos alumnos de meditaci贸n oriental para la purificaci贸n del alma. La presi贸n disminuye con la altitud, debo estar al nivel del mar. Me asusta el ruido infernal de una marea humana tir谩ndose de cabeza al fondo del subsuelo sin ni siquiera la reputaci贸n del abismo ni el vuelo del atleta que rebota contra el trampol铆n. Me aplasta, despierta mi lado oscuro, supongo que el de la iguana. Respiro profundamente varias veces y cerrando los ojos como si estuviera a punto de diseccionar a la rana que bes贸 a Sissy Spasek. El aire es muy denso, como el gas m谩s pesado conocido, contiene uranio. Hace un a帽o la sonda japonesa SELENE descubri贸 por primera vez indicios de uranio en la Luna.
(endtopic)