Picante es una sensación de ardor agudo
Aceitunas, pepinillos, cebollas avinagradas, tomates rojos como la bola de la suerte y el tamaño de una pelota de ping-pong, queso gruyere, vino y Red Crayola y Wim Wenders. Por fin. Han sido unos días raros, flotando en la densidad de España en cuerpo y en el vaho de mis palabras, apoyando a los que se oponen a esta desidia social corporativa y de sondeos de opinión y políticos medievales. Mascullé bocetos de las únicas canciones protesta que mi naturaleza patológicamente alérgica me permite, acerca de ciudades de vacaciones supuestamente divertidas y pulseras bioquímicas y títulos nobiliarios y larvas y aplausos enlatados. Fueron compartidas por unos y resultaron ofensivas para otros: ningún misterio ambas cosas: ¿lo es sentirse ciudadano y termita, araña y mosca, fantasma y cazafantasmas? He regresado ya, sin casi elipsis, inquebrantablemente a mi Estado existencialista habitual, el californiano panorámico, gracias al cual suspiro, e inhalo el imperioso elemento químico de número atómico 8 y símbolo O. Y, será fruto de la casualidad, claro, ya tengo un par de nuevas canciones, trazos sueltos, cortos y turbados, intoxicados por un antiestamínico que me compré en una farmacia de guardia 24 horas, denominado Schopenhauerismo. La medicación desencadenó un borrador de canciones que sueñan con las tierras baldías de T. S. Eliot, con un atardecer del típico color fosforescente que emiten las teletiendas, con la niebla cerrada de un clima muy húmedo -no sé, quizá producto de un bosque boreal, pero a lo mejor sólo proviene de una sauna subterránea y resbaladiza. Qué cansado es asomarse a la ventana, y qué alivio es volar mi cometa. Puedo tocarme los dedos de los pies con mis manos sin doblar las rodillas sólo si llevo calcetines con los días de la semana bordados en el empeine, aunque esa vez que estuvimos en Hawai haciendo zapping fui perfectamente capaz de hacerlo sin pestañear, o ese día casi tan raro como esta semana pasada, cuando tuve problemas con la ingravidez, ése también.