Láser
"Nata" es el nombre perfecto para una banda sin guitarras. "Angostura" para un trío de dos guitarras (una con afinación Nashville) y batería Cocktail. “Owen”, un grupo de chicos rapados y estridentes y nostálgicos de un delantero centro perfecto que nunca existió. “Escarlata” sólo sería admisible para un conjunto vocal de chicas de época, peinadas con coletas tiesas y pezones afilados, vestidas de colores añil o índigo, mientras posan con instrumentos que no tocan (no saben afinarlos) pero eso no es óbice sino para que se sientan muy orgullosas de ser adultas. “Dispersión en cuerpo geométrico” encaja con un colectivo de no-músicos que experimentan con prefijos y se fabrican sus propios sintetizadores con restos de pólvora mojada. “Los Derviches” son músicos amateurs con una misión imperturbable, cambiar los designios de Occidente con el incienso de Oriente; como músicos son espantosos y sus canciones sonrojantes, pero son buenas personas (no son "asesinos relámpago": no se dedican a cometer múltiples asesinatos en un corto período y en distintos lugares) y además beben refrescos sin hielo. “Patines” es un combo fétido: lucen crestas engominadas y vaqueros con bolsillos dorados y vocalizan mal, se les traba la lengua con las esdrújulas, y creen que Venus es un grupo de pop que representó a España en el Festival de Eurovisión 2010. “Bang Bang” querrían hacer música cinematográfica para una película imaginada, pero han visto muy pocas películas, o demasiadas para lo que sus cerebros pueden asimilar. Así, sus torpes composiciones son en el mejor de los casos anuncios para TV de productos defectuosos para agrandar el pene o de remedios viscosos para mantener la erección hasta el infinito y más allá. Los inevitables presuntos músicos de baile -supuestamente inteligente, el supuesto baile-, y sus inevitables acrónimos, serían “Láser”, del inglés Light Amplification by Stimulated Emission of Radiation (‘amplificación de luz por emisión estimulada de radiación’). Combinan el lenguaje informático con licencias hiperrealistas que les haga parecer amos de casa (aunque no saben descongelar unas pizzas) y caprichos embaucadores más propios de un mitin político. “Ocupación japonesa” cerraría el repaso a una figurada escena de música popular apocalíptica. Su hit “Gojon” suena hasta en los supermercados, el estribillo “Dinastía rusa, residencia imperial / Qué queréis de mí sino que sea un rey marcial” te acosa en la sección de droguería. Son una banda épica de rock tenaz del entorno de las universidades a distancia.