Kong War Kai und Remate.
salgo del metro y me encuentro en una escena de wong kar wai, muy pensativo, reconcentrado, dilucidando qué picante prefiero para mi arroz con pollo o si se lo echo también al tom collins que se ha pedido laszlo; siempre bebe cócteles sencillos, una vez se ha asegurado que el barman sabe lo que es la angostura, de no ser así no da crédito y nos obliga a cambiar de sitio. así dimos con este restaurante chino-tailandés en el metro de berlín, un secreto oriental (está en el este de la ciudad, donde los semáforos llevan sombrero) que nos propusimos llevar a la tumba, pero nada más salir a la luz, sebàstian, un amigo genial de aníbal (nuestro excepcional anfitrión), que vive entre azerbaiyán, uzbekistán y/o takijistan (no puedo recordarlo con claridad), que come y bebe como un polaco (además es polaco), grande como obelix, tuvo su momento de irreductible galo/polaco y gritó a los cuatro vientos entre cánticos de euforia etílica la dirección postal exacta del escondite y la de su sede en pekín.