sounds and silences: YO LA TENGO
Escribir canciones, interpretarlas en conciertos, grabarlas en álbumes, para mí (y para muchos otros con toda seguridad; y para muchísimos-ísimos más en absoluto –exactamente en el mismo desequilibrio en el que me siento cercano y extraterrestre a ellos) es una declaración de homicidio involuntario y comedia. La silueta de la muerte se transparenta, siempre impúdica, en la celosa intimidad, pero sin ese eco a las canciones les faltaría la dimensión del diálogo. Es necesario tomar aliento y perderse a uno mismo un tiempo impreciso. La comedia abre el telón cuando recuperas el aire, aprietas el interruptor de grabar, publicas las canciones, cantas a un micrófono. Si lo piensas tres veces no lo harías, pero qué más da, tampoco es para tanto, las acciones de Tokio permanecerán imperturbables; aunque a lo mejor alguien al otro lado del altavoz se conmueve, increíble. Si era lo que querías decir, o cantar, no es algo que puedas controlar, porque me temo que muchas cosas que importan son así.
Writing songs, performing, recording, for me (and for many others too, for sure; and for many-many-many more nor at all, exactly the same imbalance such as I feel close or an alien to them) is a declaration of involuntary manslaughter and comedy. Death figure reveals, immodest ever, in the jealously privacy, but without that echo, songs would miss the dialog dimension. You have to lose yourself for an imprecise time. Comedy opens the curtains when you get some air back, turn on the recording, release the songs, sing to a microphone. If you think three times you wouldn’t do it, but what the hell, it’s not that bad, Tokyo market will keep unaffected, though maybe someone on the other side of the loudspeaker could be touched, amazing. If you said what you wanted to, or sang it, that’s out of your control because, I'm afraid so, many things that matter are this way.