Un día que suena perfecto
La vida es un círculo redundante, la diferencia está en el RADIO.
Obsesionados con el sentido de la vida, es tan comprensible, es tan fácil empatizar. A casi todos, incluso a algunos de los que sintonizan radio fórmulas y reality shows, les ha sacudido semejante angustia trascendental: por qué tenemos exactamente dos brazos y dos piernas y un coxis (del latín coccyx, y éste del griego κόκκυξ), salvo atrocidades de circo de humor negro. Por qué balbuceamos y tragamos saliva justo cuando queremos infundir fortaleza, y provocamos carcajadas cuando fruncimos el ceño. Por no mencionar objetos volantes no identificados que normalmente responden a dioptrías y no a ansiadas visitas espaciales.
Al final todo se reduce a la esencia, dicen, sobre todo los que valoran que “siga siendo el mismo niño con sus dientes de leche”, a pesar de que hayan pasado 35 años y 350 cosas inconexas como poco y que seguir impertérrito e impermeable y circundante al mismo hábitat signifique padecer un grave problema motriz, logopédico e irracional. Pero podemos ver la luz relampaguear, un punto de fuga, el remedio contra el crispante timbre de voz oxidada de la vecina, cuyo alarido aturde hasta a las especies que reptan por las alcantarillas; y la vacuna contra la canción que anuncia la penúltima resurrección de Dios nuestro Mago de Oz. Sólo se trata de elegir con cierto esmero qué se adentra en tus tímpanos. La vida es un círculo redundante, la diferencia está en el RADIO.
El despertador: ‘I Got You Babe’ Sonny Bono y Cher. Asumámoslo desde el principio como Bill Murray en la película ‘El Día de la Marmota’ (‘Atrapado en el tiempo’). Y así asumimos también desde el crepúsculo matutino que en este mundo convives con Cher.
El desayuno
: ‘Joy Without Pleasure’, Daniel Johnston. Intenta pasarlo bien, permanecer atónito ante casi todo, porque algún día perecerás.
Las primeras horas de la mañana: ‘The Magic Number’, De La Soul. Magia y cadencia de números primos (los números primos están presentes en algunas conjeturas centenarias tales como la hipótesis de Riemann y la conjetura de Goldbach) para enfrentarte a un día más. Déjate desorientar por un trío que además tiene nombres que nunca alcanzarás a memorizar: Kelvin Mercer (Posdnuos, Mercenary, Plug Wonder Why, Plug One), David Jude Jolicœur (Trugoy the Dove, Dave, Plug Two) y Vincent Mason (P.A. Pasemaster Mase, Maseo, Plug Three).
Las segundas horas de la mañana
: ‘New Moon’, Elliot Smith. Disco póstumo, un doble álbum con 24 canciones que duran el tiempo suficiente para instaurar un nuevo y desconocido clima de trabajo onírico, lunático y tenue. Mirarás con otros ojos hasta a la población más psicópata.
La comida: ‘Fell In Love With An Alien’, The Kelly Family. ‘Did I Step on Your Trumpet’, Danielson. Canciones enloquecidas de familias enloquecidas para una comida entrañable.
La sobremesa: 'King Midas In Reverse', The Hollies. Un estado de placidez inquietante, efecto lupa del sol contra una piscina nudista imaginada azul tívoli, como un descapotable que conduce Penny Century.
La media tarde: ‘The Vanishing Spies’, Frank Black. Vestido para perder la cabeza como dice la canción, con corona y abrazado a un ramo de rosas rojas. Un aire ‘cincuentas’ futurista. ‘Motel Sex’, Danny Cohen. Puedes bailarla agarrado, o tararearla mientras te pintas las uñas, o que te den un masaje con final feliz con los pies y la canción de fondo.
El atardecer: ‘Diamond Dancer’, Bill Callahan. Un nudo en el estómago, dudas entre los coches de choque y la noria. Entre el algodón de azúcar y el picante. ‘All Is Love’, Karen O and The Kids. Todos los monstruos durmiendo en una piña de amor, saltan y retumba el planeta, se tambalea hasta el fondo del mar. ‘Agnes, Queen Of Sorrow’. Bonnie Prince Billy. Otra vez el sentido de la vida, hay que quitarse el peso innecesario porque si no la nave no planea. Difícil diatriba.
La noche: ‘The Gasoline Age’, East River Pipe. 11 canciones melancólicas separadas por suspiros, que producen sueños en color de rosa genital.
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