El meridiano de Greenwich
Hoy pienso en discos paisajistas y fulgurantes, los que te hacen mirar al cielo fijamente, fascinado ante la inmensidad de la galaxia desconocida, esperando paciente e impacientemente a que te sobresalte una señal inequívoca y obtengas esa explicación sustancial que dé sentido a todo. Un plan al que aferrarse, una confabulación, una anatomía del corazón. Jay y Bob el Silencioso ('Clerks' de Kevin Smith… y etc) observando absortos esos dibujos que esconden 3D pigmentados. Las fruterías que venden yuca y aguacate y menta. Los ciudadanos que no tienen perros y los perros que no tienen dueño. Los días de cielo blanco plomizo. El fútbol pero jamás el futbolín. ‘The Coast Is Never Clear’ (Beulah), ‘Bitches Brew’ (Miles Davis), ‘Vs. Children’ (Casiotone for the Painfully Alone), ‘The Letting Go’ (Bonnie Prince Billy), ‘Vivadixiesubmarinetransmissionplot’ (Sparklehorse), ‘Production’ (Mirwais), ‘Abbey Road’ (The Beatles), ‘Frank Black’ (Frank Black), ‘Oh, Inverted World’ (The Shins), ‘Presents the Carnival Featuring the Refugee Allstars’ (Wyclef Jean), ‘The Gasoline Age’ (East River Pipe)…
Contemplar esa línea imaginaria que divide el mundo en dos semicircunferencias.
El canon emocional, un recurrente cóctel translúcido y burbujeante de Proust, sería 'King Midas in Reverse' (The Hollies). Una canción que me deslumbra, esclarece el horizonte más lejano, la órbita de la Tierra alrededor del sol sigue sin ser un círculo exacto, ya. Pero los rayos chocan con el hemisferio más y más verticalmente, hasta que la noche es día. En Alaska, Canadá, Groenlandia, Noruega, Suecia, Finlandia, Rusia y el extremo norte de Islandia la canción descubre una pista más de luz, me cuentan personas que no conozco, con sombreros tiroleses, que aparecen en sueños de los que no soy responsable. “Allá sucede el sol de medianoche, allá sucede el sol de medianoche”. Si los vuelos están baratos valdría la pena trasladarse hasta alguno de esos sitios para asistir a la dimensión desconocida de esta melodía imantada a mi nevera. Otra posibilidad de viaje quizá más económica es escucharla mientras sucede la escena de una de mis películas favoritas, The Limey (El Halcón Inglés), de Steven Soderbergh. Suena en casa del personaje que interpreta Peter Fonda, ‘Valentine’, cuando la luz produce un efecto lupa con el agua de la piscina y su fondo sin algas, el fantasma de ‘Jenny’ bucea desnudo, y Terence Stamp, aquí ‘Wilson’, hierve. Un cazafantasmas sin vis cómica posible, porque no siempre la comedia es oportuna. Wo.
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