imagen © Roy Lichtenstein
Canciones típicas
He decidido que voy a componer siempre canciones típicas. Luego el género está claro, el típico. Los hay que sólo pueden definir la música que hacen con colores complementarios, y sobre todo con dos, el magenta, que sería más esperanzador, o el cyan, incandescente. No hay más que decir, consideran. A mí me parece bien porque el derecho a la libertad de expresión probablemente esté por encima de los colores complementarios, y no querría ser retrógrado en esto. Otros polemizan con las energías, la teoría de la relatividad especial, las magnitudes vectoriales, la mecánica newtoniana, el operador hamiltoniano… Yo divido francamente mal con decimales luego esta línea de debate me supera. Si se tratara de la energía potencial elástica asociada al campo de tensiones de un cuerpo deformable ya sería otra cosa, ahí nado y hago piruetas como un delfín y me alimento de algas marinas como pipas de girasol. Pero en cualquier caso no percibo la música de ese modo, sino más bien como un prurito, producido por varios alcaloides, la capsaicina y otros compuestos similares, que estimulan los receptores de calor y dolor de la epidermis. Sprays de pimienta utilizados como arma de autodefensa. Lo típico de la supervivencia en una ciudad. Chips de memoria. Luz ultravioleta. Millones de transistores condensados. Lo típico del arrebato. Cambiar de piel periódicamente, como si tiraras de una media. Típico de la lencería fina. Y así, este patrón.
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