8.4.10


La música de Elliot Smith y El Meridiano de Greenwich
Inhalar, exhalar oxígeno, y contener la respiración. La alta fidelidad de la vida está distorsionada pero sin la belleza incidental del acople. Y dentro de este inevitable collage hay atajos de armonía, desenfocados, cadencias narcóticas, de prodigiosa baja fidelidad. Quizá sean espejismos, un efecto del síndrome de Estocolmo como cuando Patricia Hearst, nieta del influyente y poderoso editor William Randolph Hearst, después de haber sido retenida por una organización terrorista (el Ejército Simbiótico de Liberación), se unió a ellos varios meses después de haber sido liberada. Éste quizá sea el límite del abismo del destino, sí, pero se sale del guión, abre una vía al libre albedrío aunque resulte una señal enloquecida, en obras. Entre este Trópico Fantasma y El Meridiano de Greenwich, la semicircunferencia imaginaria que une los polos y pasa por Greenwich, el antiguo observatorio astronómico del suburbio de Londres, está la combinación de la ilusión.