Más allá
Hoy es ese día (al menos) de cada mes en el que quisiera estar bastante gordo. ¿Por qué? Porque me alegra construir algo con que regocijarme (eso es lo que yo tengo que ver con T. S. Eliot –respondo por fin a East River Pipe, y perdón por el retraso). Y por la digestión infinita, quizá la única manera de que simpatice con ese perfil zen, el plano de pensamiento sin discriminación, de conciencia más allá de toda categoría, abrazando y trascendiendo. También por fantasear con el ludismo, y oponerme a todo avance científico que facilite una ingesta de alimentos descomunal. Y para emitir sonidos consonánticos, y hacerme cosquillas a mí mismo mientras las cuerdas vocales vibran. Y que esas onomatopeyas se confundan con algún idioma esquimal, ojala que fuera con el que se comunican en Groenlandia, porque así en mi universo paralelo me encontraré rodeado de hielo en un 84% del paisaje y los alimentos se conservarán intactos, las enzimas impávidas. Y vería partidos de fútbol entre Osos Polares (el seudónimo de la Selección de fútbol de Groenlandia), Islandia y las Islas Feroe. Y mi mascota sería una morsa del Océano Glacial Ártico, a la que llamaría, claro, Odobenus. ¡Odobenus, a cenar, ya están listas los babosas. Sí, las hermafroditas, tus preferidas! (Mientras escucho I am the Walrus de The Beatles). Estaré delirando, mi hipotálamo estará sobreestimulado, será el chocolate, que me hace ladrar en francés, ouah ouah.
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