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NY off the record *
Empujo fuerte una puerta giratoria de acero que seguramente tenga cien años, paso con cierta dificultad porque el espacio es muy estrecho y llevo conmigo mi nueva guitarra, una parlor de finales de los años 40’ o principios de los 50’, y un bolso negro con apuntes SL, el libro Amsterdam de Ian McEwan, una gorra negra de lana fina (creo que es lana) que me compré en un mercadillo de West Village el otro día, el teléfono móvil (aunque no me funciona, pero lo llevo sin razón alguna), tabaco. Ya estoy en la superficie, en la salida de la parada de metro de Morgan Avenue, en Bushwick, East Williamsburg, Brooklyn. El cielo está plomizo, a mí me encanta así. A la izquierda un camión gigante negro cegador con armoniosos bordes plateados donde me veo reflejado, de ruedas como norias, y una visera roja al volante, atraviesa la carretera sereno, imponente. En mi mejor perfil hay un Grocery 24 horas, un establecimiento cualquiera en esta ciudad, una tienda de ultramarinos peregrina si establecemos esas analogías absurdas y torpes de españoles por el mundo. Tiene más productos que la mayoría de supermercados de España. Me atienden dos estadounidenses de origen inmigrante, oriental uno y caribeño, quizá portorriqueño, el otro, ambos con camisetas y tatuajes XXL. Compro sandía, en un tupperware que incluye cubiertos de plástico, y un té luminoso con hielo al que le añado azúcar morena como si de las cenizas de ese famoso volcán se tratara, porque no domino el envase. Camino en dirección a Flushing Avenue, ya la veo al fondo, es una calle muy grande perpendicular a Morgan. Me dirijo al Life Café, uno de mis sitios favoritos, por lo que tiene de romántico, adornado con tiras de luces parpadeantes. Las camareras son musculosas, los camareros desayunan hamburguesas, está muy cerca de donde pasaré la mayoría de mi tiempo, un lugar asociado ya para siempre a este disco. Desayuno pancakes, huevos revueltos y dos cafés. Porque me apetecían dos, y también porque ese momento en el que la camarera llega con la cafetera en la mano y te sirve más café es un clásico americano, tan cinematográfico, una fantasía primitiva a la que no puedo renunciar.
To be continued...
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NY off the record II


(© pic Ana Bolívar)

*(Aún faltan unos meses para que se publique mi nuevo disco... se está terminando de mezclar justo ahora, en el estudio Mother West de Manhattan. Mientras tanto rebobinaré acerca de las cosas que hice aparte de estar en el estudio The Fort Brooklyn, Bushwick, grabando durante más de dos semanas diez horas al día, cinco horas de sueño cada noche... una paliza que echo mucho de menos).