Soy un mosaico
La ciencia afirma que todo se renueva constantemente en nuestro organismo, y cada siete años aproximadamente asistimos a un nuevo ciclo celular. Salvo los dientes, que no se regeneran. Así, parece que estoy inmerso en mi propia transformación vital, en una mutación primitiva, por fin, no sólo figurada. [*Otoño 2003: La primera canción de mi primer disco es instrumental, parece un plagio de algo de John Lurie sólo que con fiebres altas del virus del Ébola y grabado en un muladar; o “...Ry Cooder borracho”, como dijo una revista de mí –tan sólo imaginarlo me dan escalofríos. Según mi amigo Carlos Toronado suena como la banda sonora de una película porno]. Siempre he buscado la revolución con ahínco, primero batallando extra oficialmente contra la fuerza de la gravedad, con pistolas de color rojo, la frecuencia más baja de luz discernible por el ojo humano, cargadas de agua de azahar. Luego canción por canción, por lo que tiene de romántico. Disco a disco, por la psicodelia. Pero la naturaleza sigue su ritmo y ahora sí parece que coinciden mis anhelos con los del cambio climático, quizá. Hay una empresa de California que persevera en la conservación de las ovejas mutantes multicolor. Mi madre siempre me ha dicho que hay que perseverar. La mutación demasiadas veces está asociada a connotaciones peyorativas o abigarradas. Yo no la percibo de ese modo. El albinismo está asociado a una mutación para la enzima tirosinasa. Hay mutaciones letales, sí, se denominan deletéreas, afectan a la supervivencia de los individuos, ocasionándoles la muerte antes de alcanzar la madurez sexual. La mía por ahora es somática, la que se refiere a las células. Como consecuencia aparecen individuos mosaico. Para qué decirlo de otro modo si la propia ciencia lo llama ASÍ.
* El cangrejo de río