Un pueblo fantasma
Burbujas de aire, minúsculas gotas de agua líquida o cristales de hielo, el ambiente húmedo, donde las ondas de radio y sus estribillos viajan mejor. Una niebla privada. Así me alivió Ella de la fatigosa alergia, de la fiebre del heno que se reencarnó en ébola. Y descubrí un cometa, un punto luminoso en movimiento en el cielo, el astro se acercaba más y más al sol, dejando una huella de dibujos animados, lo que conocemos como la cola del cometa, que le confiere ese aspecto fantástico. Los astrónomos sugieren que los cometas retienen, en forma de hielo y polvo, la composición de la nebulosa primitiva con que se formó el Sistema Solar y de la cual se condensaron luego los planetas y sus lunas. Yo en ese cometa inesperado retengo toda la teoría de mi relatividad especial, toda mi energía, puesto que la energía no es un estado físico real, ni una sustancia intangible, sino una abstracción matemática, fruto de la imaginación, un componente psíquico lejos de ser descifrado. Los sintetizadores que armoniza Robert Wyatt emiten chispazos invisibles, un resplandor interior, te contagian el Clímax, como un pueblo fantasma situado en Lake County, Colorado. Las canciones de Vic Chesnutt tratan dilemas tan polémicos como una isla de esperanza, igual que la del distrito de Rhode Island.